La lectura veloz y sus secretos

Si hay algo que escasea en los tiempos que corren es, precisamente, el tiempo. Sin lugar a dudas este bien tan preciado se ha convertido en lo más codiciado por los seres humanos.
Procuramos escamotear segundos y minutos a la hora de realizar nuestros actos cotidianos. Incluso es frecuente escuchar aquello de estar perdiendo el tiempo cuando realizamos una tarea tan básica como leer.
Vamos a procurar aquí a aprender a leer rápidamente, ahorrando así tiempo en la lectura. Con unas sencillas herramientas podremos enfrentarnos sin temores a todas aquellas lecturas que debemos hacer diariamente: el periódico, la revista de turno, el correo electrónico o los interminables documentos y formularios del trabajo.
Por supuesto no se trata de hacer una lectura superficial que no permita retener la información; se trata de leer más rápido, sí, pero haciéndolo de forma que se nos quede prendido en la memoria.
¿En qué momento se puede empezar?
Se puede comenzar ya mismo, con cualquier texto que tengamos a la mano. Hay que tener en cuenta que si nos encontramos en el puesto de trabajo y elegimos un texto de negocios debemos prestar mucha atención a los párrafos más importantes y estar alerta a lo que estamos leyendo en ellos.
¿Cómo se empieza?
Una vez elegido el texto, lo más importante es estar relajado. Imaginemos que nos encargan la lectura de un informe de 250 páginas que debemos leer en apenas un fin de semana. La mayoría de nosotros reaccionaría poniéndose nervioso y tenso. Por supuesto que no conseguiríamos nada con ello salvo la mejor forma de evitar una correcta concentración.
Así pues, primer paso: relajación. Con la mente relajada nos centraremos en el contenido y comprensión del texto más que en la propia tarea que nos apremia.
Si nos enfrentamos a la lectura de un libro completo lo más adecuado es fijarse en el índice y las tapas. De una forma rápida podemos hacernos una idea de qué es lo que nos vamos a encontrar en su interior. Sin duda, con una primera idea sobre el libro podemos empezar mucho más confiados y seguros.
¿Cómo se continúa?
Seguiremos con lo que se llama el vuelo de exploración. Debemos fijarnos en la presentación de las páginas y los títulos o elementos en negrita que nos pueden ayudar a descubrir los temas e ideas principales.
Además se recomienda una lectura de visión panorámica. Consiste en prescindir del flujo lógico del texto para observarlo de forma más amplia. Un buen ejemplo de la visión a la que nos referimos es la postura que adoptamos al conducir. Cuando vamos al volante miramos todo lo que rodea a la carretera, no solo nos centramos en su flujo lineal.
Para una primera visión de aproximación al texto contamos con varios métodos:
- 1. Leer la página siguiendo la forma de una Z.
- 2. Leer los párrafos en diagonal prestando atención a las palabras clave.
- 3. Leer la página siguiendo la forma de una U.
En nuestro interés de descubrir el texto, una buena técnica es la de leer solamente las primeras frases de cada párrafo.
Para entrenarnos y avanzar rápidamente en esta técnica de lectura rápida es imprescindible forzar los movimientos oculares de forma que cada vez podamos recorrer las palabras más rápidamente.
Otra técnica es ayudarnos con el dedo índice, pero moviéndolo de una forma más rápida que nuestra velocidad de lectura. Si leemos en la pantalla del ordenador sustituiremos el dedo índice por el scroll del mouse.
¿Qué es lo que no se debe hacer?
- Contrariamente a lo que se cree está completamente desaconsejado leer en voz alta. Si tratamos de pronunciar correctamente el texto solo conseguimos retrasar la lectura. No es difícil constatar que el ojo es más rápido que nuestra capacidad de pronunciación que debe tener en cuenta, además, nuestro ritmo respiratorio.
- Tampoco es una buena opción leer cada palabra de forma lineal. Nuestra mente funciona más rápido que la voz interna que usamos en la lectura. Si leemos linealmente y de forma monótona la mente no se siente desafiada y desviaremos más fáclmente nuestra atención. Una lectura en forma de Z nos fuerza a prestar atención, evitando así tener que releer el texto.
- No es recomendable hacer una relectura si no hemos entendido algo. Por lo general las ideas se desarrollarán a lo largo del texto de modo que es absurdo aflijirse porque no hemos entendido del todo el primer capítulo. Debemos confiar en el resto del texto y no preocuparnos de las carencias de entendimiento que nos surjan pues sólo conseguiremos ponernos nerviosos.
Dicho lo anterior, ¡empecemos!
Cabe recordar que es importante ajustar la velocidad de lectura al tipo de texto.
Internet nos pone las cosas fáciles, pues la mayoría de los contenidos están diseñados para facilitar la lectura ya que se parte de la base de que los usuarios de la red leen prestando poca atención. Es por ello que nos encontramos con textos llenos de negritas, subrayados o con varios subtítulos.
Y aunque lo hayamos desaconsejado, si nos enfrentamos a un documento importante que debamos firmar, deberíamos tomarnos el tiempo necesario para volver a leerlo.
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